Del equilibrio y la lucha por la marca.

Dejar pasar los acontecimientos sucedidos sin escribir alguna de las sensaciones que han dejado estas últimas escaramuzas en Ferraz sería un acto de indolencia por mi parte.

Sin haber estado tentado nunca de votar a nadie hasta el surgimiento de Podemos el dolor sentido por lo que está pasando había que soltarlo y de paso pensar un poco en alto.

En Madrid nunca hemos tenido un Bildu o un ERC, más bien hemos contribuido decididamente a que estos nacieran y ocupen el merecido lugar que ocupan, si no deberían ocupar más aún. Esto no solo pasa en Madrid, muchos otros territorios en la península carecen de estas alternativas políticas tan necesarias para aumentar la participación, el municipalismo y la tan necesaria oferta de proyectos alternativos que se adecuan más al territorio y a su realidad local, en muchos aspectos, que los venidos del aparato bipartito central.

La causa independentista y sus raíces históricas han contribuido a la formación de estas fuerzas cosa que no tenemos en otros sitios, eso ha ayudado a crear allí tejidos políticos más diversos y sobre todo nuevos equilibrios, a mi juicio más eficaces y beneficiosos para la sociedad, para toda la península, más descentralizadores.

Pues bien, eso hace falta en el resto del territorio, quizá donde más se note esa carencia sea en Madrid o quizá sea la que más conozco. La necesidad de ampliar el espacio político, de diversificarlo en busca de nuevos equilibrios es acuciante a mi modo de ver tras los últimos veinte años de tórrida dominación pepera.

Esto me hace volver a Ferraz y pensar que a veces una división puede ser una victoria, una victoria de la diversidad. Lo digo por que además puede venir bien para quitar hierro a una situación que puede ser peor que una división honrosa.

Pero esto no parece que se pueda decidir, parece ser que lo que suceda, sea lo que sea, entrará en el difuso territorio de lo “inevitable”. La lucha por la marca que ya se ha iniciado puede destruir la poca capacidad de ilusionar que todavía conserven y los plazos antes de unas posibles terceras elecciones serán determinantes en la estrategia que quiera vender la gestora surgida de este auto golpe.

Dicen que divide y vencerás pero esto no es así si los separados aprenden a colaborar, eso que hasta ahora los intereses de un viejo nucleo de grandes interesados ha impedido y como vemos seguirán impidiendo con todas sus fuerzas.

La fuerza de la ley electoral fluye a favor del tamaño y lo premia brutal e injustificadamente pero también ejerce de argumento irrebatible para hacer una determinada política, la triste y paternal política que hasta ahora hemos visto en nuestra nonata democracia.

Los caminos hacia la diversidad creo que son también diversos y solo los conoceremos recorriéndolos. Hasta pronto.

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